Menos conocido que la fabada, y menos contundente, hoy tenemos un plato típico asturiano. Delicioso y sencillo de elaborar, el secreto de la receta es hacerse con buena materia prima, o sea, tener unas buenas fabas y unas almejas de calidad.
Lo primero que debemos hacer cuando cocinemos este plato es poner las fabas a remojo la noche anterior en abundante agua fría. Además del tiempo de cocción, que según la calidad de las fabas pueden ir de 1 hora y media a 3, es preferible que reposen antes de consumirse, con lo que os sugerimos hacerlas a primera hora de la mañana, para tener el plato preparado para la hora de comer. Además, debemos limpiar bien las almejas. Para ello las sumerjimos en agua fría con un poco de sal durante un par de horas, cambiando el agua y lavándolas bajo el grifo para que suelten toda la arena.

Empezamos a cocinar: Ponemos las fabas en una cazuela cubiertas de agua con una hoja de laurel, 1 cebolla entera y dos dientes de ajo enteros. Cocinamos a fuego lento, desespumando si es necesario y vigilamos que no hierva el agua. Si nos vamos quedando sin agua, añadiremos siempre agua fría. Removemos moviendo la olla, nunca metiendo cuchara para no romper las fabas. Cuando vayan ablandando las fabas, una media hora antes de terminar la cocción, preparamos las almejas. Para ello, en una sartén ponemos un chorro de aceite y doramos una cebolla, dos dientes de ajo y el perejil muy picados. Añadimos una cuchara de harina, removemos y echamos el vaso de vino blanco (también valdría un vaso de sidra). Añadimos el azafrán, o colorante. Incorporamos las almejas y dejamos que se abran. Cuando estén abiertas, incorporamos el conjunto a las fabas a las que habremos retirado la cebolla, los dientes de ajo y la hoja de laurel. Finalmente salamos, con cuidado, puesto que las fabas ya dan un toque salado. Cocinamos durante media hora todo junto y dejamos reposar. Servir caliente.

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| fotos: sisters blog |